Ciclistas, mujeres y afganas

En ocasiones te das cuenta que tu vida, por muchos problemas que puedas ver delante de tus narices, no tiene nada que ver con la dureza de otras. Ser ciclista es un sacrificio. Es un deporte tan duro como bonito, y os aseguro que es precioso. Si a ser ciclista le sumas ser mujer, te diría que la lucha todavía es más dura, y aquí meto a España y al desprecio de la federación por las corredoras. Sin apoyo, sin esponsorización, con todavía mucha desigualdad entre hombre y mujeres. Y, si además, os digo que las protagonistas de este artículo no solo con ciclistas, sino que son mujeres afganas, ¿cómo te quedas?

La agencia Reuters, con un fantástico trabajo fotográfico, ha dado voz a un grupo de 40 chicas de Afganistán enamoradas de sus bicicletas. Este país está caracterizado por muchas cosas buenas y malas, y una de las peores es la situación general que viven las mujeres. Desde los años noventa, bajo el gobierno Talibán, el papel de la mujer afgana quedó fuertemente relegado a un segundo, tercer y cuatro plano. Prohibiciones por doquier, y una desconsideración por sus derechos que vistas desde cualquier país democrático causan auténtica vergüenza.

En el 2001, el gobierno Talibán fue derrocado y la situación de la mujer pareció mejorar. Sin embargo, Afganistán, como tantos otros países azotados por gobiernos fanáticos y extremistas, no ha tenido facilidades para cambiar culturalmente los malos hábitos, poniendo obstáculo tras obstáculo a la adquisición de derechos dignos para la Mujer. Y bajo ese contexto, 40 chicas soñaban con correr el Tour de Francia y se morían por dar pedales.

Sin medios económicos y sin ninguna aspiración internacional, la selección de ciclismo femenino de Afganistán, corona día a día duras cotas de intransigencia e injusticias. Leyendo su historia y mirando sus fotografías, me emocionan casi tanto como ver a un Vincenzo Nibali, o a un Alberto Contador, tocando el cielo desde el Mortirolo o el Alpe D’Huez. El ciclismo está consiguiendo traspasar muros gruesos enquistados en una sociedad más dura de sobrellevar que la Paris-Roubaix más peligrosa. Todavía les quedan muchos kilómetros por recorrer, muchas etapas por las que pasar, y muchas caídas que harán que se levanten con rabia, con su bicicleta en una mano y con toda su ilusión intacta.

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