Tres bicis Orbea en casa, uno para todas y todas para uno

Da la impresión de que estoy abonado a la marca, pero si os soy sincero, pese a que reconozco que siempre me ha gustado Orbea, el juntar tres flacas de la casa ha sido más por casualidades del destino que por haberlo buscado.

La primera llegó hace 2 años y medio. Buscaba una bicicleta para desplazarme por la ciudad e ir al trabajo. Una bici ágil, rápida, pero también que tuviera la suficiente integridad para salirme del asfalto en un momento dado sin llevar ruedas gordas. La elegida fue la Orbea Carpe H40. En su momento me costó 425€ en Ciclos Aragón (Zaragoza) un buen precio por una bici híbrida, que con un simple cambio de ruedas y de manillar, fácilmente podría salir a la carretera. Sin embargo, el diseño pensado para ir más erguido, y los 7 piñones con un solo plato, siempre la limitaron a salir de su entorno urbanita. Es una bici estupenda, de la que estoy francamente contento.

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La segunda llegó el año pasado. Mi proyecto “fixie” cobró forma en una antigua Orbea Sierra Nevada de los ochenta que había pasado demasiados años parada en un garaje. Con una pequeña inversión y varias horas de trabajo, le di una nueva vida con un desarrollo de 42×16 para circular por ciudad y alrededores. Aunque la pensé en su momento para ir con ella por la ciudad, en los últimos tiempos ha vivido el fin de semana, en el que la he usado para “hacer piernas” aprovechando la imposibilidad de cambiar y el no poder dejar de pedalear. Un buen ejercicio de concentración y potencia. Es una auténtica joyita con muchas posibilidades, y tan simple con bonita. todavía tengo pendiente cambiar el eje de pedalier y las bielas, pero aún tengo que meterle más kilómetros.

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Y hoy, ha llegado la tercera. Una antigua ilusión, en realidad. Siempre quise una bici de carretera para retomar mi pasión de juventud. Sin embargo, por unas o por otras, nunca me había lanzado a la piscina. De hecho, aunque pensaba comprar una a medio-largo plazo, un amigo la vendía por un precio que no podía dejar pasar. Y aquí está, con un par de ajustes por hacer, pero con una presteza que invita a hacer kilómetros y kilómetros. Ahora toca adaptarme a su biometría, y adaptarla a su vez a la mía, sobre todo la altura del manillar, pero eso es lo de menos. Ahora toca enfundarse el maillot para darle a los pedales. Mi idea es disfrutarla sobre todo en los Pirineos, volver a los puertos recorridos hace años, y volver a disfrutar como lo hacía hace años.

 

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2 Comments

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  1. No destroces la sierra nevada es una joya con piezas zeus!!!!

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